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De la publicación de LUS (Unidad Socialista) |
Resolución política de la Liga de Unidad Socialista sobre el movimiento lésbico, homosexual y transgenérico (en México) El proyecto presentado por Ricardo y Claudia que dio origen a la presente resolución, fue aprobado por la Asamblea Nacional de la Liga de Unidad Socialista de 1998. I. La opresión sexual A. Definición de la opresión sexual. Una de tantas formas de enajenación, como las enumeradas por Marx en sus Manuscritos de 1844, es la opresión sexual. Ésta es la represión de los deseos, inclinaciones y preferencias sexuales consumada por el heterosexismo patriarcal, y se ha dado en todas las sociedades históricas basadas en la familia. Por familia nos referimos al grupo de individuos, parientes entre sí, que tienen un patrimonio controlado y heredado patrilinealmente. El opresor es el padre de familia, mientras que la madre es la conservadora de los bienes y la que organiza la vida doméstica en torno a la figura del patriarca. El heterosexismo es una opción sexual que garantiza la vida y la continuidad de la unidad familiar, aunque es obvio que la especie se puede reproducir sin la familia. Como se ha dicho, el patriarcado se ha asociado con todos los modos de producción, con excepción del comunismo primitivo, o sea que es un componente esencial de la explotación de clase o de casta que se manifiesta, entre otras cosas, en el sexismo o machismo.
B. La opresión sexual se da en hombres y en mujeres; la enajenación resultante golpea tanto a oprimidos, como a opresores, está presente en todas las relaciones humanas y forma parte del comportamiento habitual y cotidiano de la humanidad entera; esto incluye las relaciones de clase, como los patrones que violan a sus empleadas o el derecho a la pernada que aún se practica en algunas partes del mundo. En México, no por casualidad, se le ha dado a las palabras macho y machismo una connotación intensa que atribuye un gran valor al heterosexismo y un desprecio proporcional, que llega a la abyección, hacia cualquier otra opción sexual, con parcial excepción de la castidad, pues el aprecio hacia esta opción sexual resulta inconsecuente. Por lo tanto, la lucha por la liberación sexual es mucho más difícil, sobre todo porque la sexualidad ha sido reducida a ámbitos de la vida doméstica, aparentemente aislada de la sociedad. La opresión sexual es un obstáculo en la lucha por el socialismo, ya que esta lucha implica necesariamente el combate contra toda forma de opresión. El triunfo de la revolución es inconcebible sin la participación de las mujeres lesbianas o heterosexuales, los homosexuales y los transgenéricos[1], y ese triunfo no puede ocurrir sin la liberación de esa opresión que los afecta particularmente. Obviamente, la revolución socialista implica la liberación de toda forma de enajenación y opresión. II. El movimiento de lesbianas y homosexuales y la política. A. Con diversas formas y costumbres, y vistas de diversas maneras, se encuentran documentadas prácticas homosexuales en todas las culturas históricas; sin embargo, sólo hasta mediados del siglo pasado fueron definidas como un fenómeno único y distinto, cuya causa es una enfermedad. Esta definición fue producto de un cambio en la percepción de este tipo de relaciones, consecuencia a su vez del surgimiento del capitalismo y la subsecuente decadencia en la vigencia de las costumbres cristianas tradicionales[2], y ha marcado desde entonces las relaciones afectivas entre personas, particularmente entre las del mismo sexo. Por esa época, surgió una serie de figuras que se convirtieron casi en emblemas de la homosexualidad y, en menor medida, del lesbianismo, mientras que paulatinamente iba conformándose un ambiente de ghetto: bares, lugares de ligue, reuniones y tertulias, etc. La reflexión política al respecto era nula. Sólo después de la primera Guerra Mundial el doctor Max Hirschfeld fundó un comité humanitario que empezó a adoptar posiciones políticas e impulsó el voto por el Partido Comunista Alemán, pero el surgimiento del nazismo llevó al exilio de Hirschfeld y la deportación a campos de concentración de decenas de miles de lesbianas y homosexuales. Apenas en la década de los cincuenta empezaron a organizarse nuevos grupos de liberación homosexual, y aunque estuvieron ausentes de los movimientos de 1968, al año siguiente los incidentes de Stonewall, en la ciudad de Nueva York, anunciaron la formación de un verdadero movimiento político, social y cultural de liberación de lesbianas y homosexuales, que, con avances y retrocesos, continúa hasta ahora. B. En nuestro país, se fundó el Movimiento de Liberación Homosexual, de vida efímera, en 1970. Sólo a finales de la década de los setenta se conforman el Frente Homosexual de Acción Revolucionaria (de hombres en su mayoría), Oikabeth (de mujeres) y Lambda (mixto). Estas tres organizaciones, de variada membresía, y con distintos puntos de vista, no pudieron, sin embargo, definir una política que satisficiera las necesidades concretas de la comunidad lésbica-homosexual, sino que se limitaron a defender la asunción de la identidad sexual y a defender los derechos humanos de los homosexuales, en particular en contra de la persecución policiaca o razzias efectuadas durante más de diez años en las zonas de ligue conocidas. En 1982, militantes de estas organizaciones y otras nuevas surgidas entre tanto, así como lesbianas y homosexuales a título individual, se organizaron en torno al Comité de Lesbianas y Homosexuales en Apoyo a Rosario Ibarra (CLHARI), que agrupó a mucha gente, debido en parte a la enorme capacidad de convocatoria de los grupos que lo conformaban, y tuvo un papel destacado en la defensa de los derechos políticos de lesbianas y homosexuales. De cualquier modo, la falta de un programa claro que fuera más allá de lo inmediato, así como la actitud protagónica de algunos dirigentes, la falta de democracia interna y la aparición y extensión del Virus de Inmunodeficiencia Humana, que segó la vida de numerosos militantes, no sólo impidió el avance del movimiento, sino que además lo llevó a la extinción casi absoluta . Desde entonces, las organizaciones de homosexuales han volcado sus energías principalmente en la lucha contra el SIDA y la discriminación de los seropositivos[3], así como en campañas de información y prevención. En cuanto a las lesbianas, mostraron menor capacidad de supervivencia política y muchas se incorporaron al movimiento feminista heterosexual, y sólo se conservó un espacio cultural llamado El Clóset de Sor Juana que dio apoyo a la campaña de la candidata del PRT y PRD, Patria Jiménez. Aunque la Semana Cultural Gay y Lesbiana es un evento que viene celebrándose desde hace más de diez años, no deja de ser - como su nombre lo indica - un acontecimiento efímero que no repercute de manera significativa en el impulso a nuevos grupos políticos de reivindicación lésbica y/o homosexual. En el mismo tenor, ante la convocatoria a la Convención Nacional Democrática por parte del EZLN, a la que se invitó a participar también a lesbianas y homosexuales, los asistentes en supuesta representación de la comunidad lésbica/gay no la tenían y su participación no tuvo repercusión alguna. En la actualidad, la existencia del Grupo Homosexual de Acción e Información que, junto con algunas organizaciones pequeñas como el Colectivo Sol y algunas otras de varios estados de la república (Veracruz, Oaxaca, Jalisco, Baja California) informan sobre la prevención del SIDA, pero no han asumido un discurso político. Hay que señalar que uno de los efectos del movimiento homosexual, no sólo en México, sino en todo el mundo, es la creación de un ghetto comercial que ciertamente ofrece un espacio donde homosexuales y lesbianas pueden asumir sus preferencias abiertamente, pero que dista de ir más allá de la liberación de ellos como consumidores. En cuanto a los partidos políticos, el PCM adoptó un estatuto por medio del cual asumían como propia la lucha de lesbianas y homosexuales, estatuto que desapareció al formarse el PSUM; en cambio, el PRT adoptó una resolución política sobre la liberación homosexual en 1984; éste ha sido el único partido de los países semicoloniales que ha aprobado un documento de ese tipo. Sin embargo, los prejuicios de la mayoría de la izquierda mexicana le han impedido ver la necesidad de participar en el movimiento de liberación de lesbianas y homosexuales e impulsarlos, y los han hecho retroceder en su conciencia. Además, la presencia de una diputada lesbiana asumida abiertamente en el parlamento no ha sido, hasta ahora, ninguna garantía para la defensa de los derechos humanos y civiles de lesbianas y homosexuales, ni para la solución de problemas inmediatos, como campañas masivas para la prevención del SIDA, la creación de espacios públicos exclusivos para lesbianas y homosexuales[4], la erradicación de las razzias o la información sobre la orientación sexual para los jóvenes, por ejemplo. C. ¿Cuáles son las perspectivas del movimiento lésbico-homosexual y cómo pueden incidir en ellas las organizaciones políticas? De parte del movimiento, le es necesario volver a definir una serie de ejes políticos que aclaren la necesidad de luchar por ciertas reivindicaciones básicas que lleven a la aceptación y respeto de quienes sienten preferencias sexuales distintas de la heterosexual, como, exempli gratia, la protección de los hijos lesbianas y homosexuales contra la represión de padres machistas. Por su parte, las organizaciones políticas socialistas deben recuperar la conciencia de la indispensabilidad de la defensa de los derechos humanos y civiles de lesbianas y homosexuales tanto en lo inmediato como, sobre todo, en la perspectiva de construir una sociedad socialista, de donde debe estar ausente toda forma de opresión. Para que esto ocurra será necesario construir nuevas organizaciones con una clara definición política que no excluya reivindicaciones de tipo social, cultural y de salud y que, además, levante reivindicaciones de lesbianas y homosexuales proletarios. III. Liberación sexual y socialismo. A. Ya desde 1848, Marx y Engels plantearon la idea de que la liberación del proletariado resultaría en la de la humanidad entera. Aunque ya desde entonces ellos sostenían que esta liberación incluiría la de la mujer, las limitaciones impuestas por la moral imperante les impedían concebir que la destrucción del patriarcado implica la libre opción sexual; en cambio ahora, no puede dejar de ser evidente lo imperativo de esta lucha en la liberación de la opresión machista. Igualmente, en aquellos tiempos, e incluso a principios de siglo, imperaba el prejucio de que el lesbianismo y la homosexualidad eran perversiones exclusivas de aristócratas y, cuando mucho, de burgueses, mientras que ahora es innegable que hay tantos lesbianas y homosexuales entre la burguesía como entre los proletarios, los campesinos, los indígenas y todos los oprimidos y marginados, preferencia que aumenta esta opresión y esta marginación. B. Dado que innegablemente la lucha contra toda forma de opresión implica la lucha por la liberación de lesbianas y homosexuales, las organizaciones políticas socialistas no pueden desentenderse de estas luchas ni por prejuicios ni por falta de información y es un deber para ellas acercarse a esas luchas. Una primera necesidad es explicar a las organizaciones de lesbianas y homosexuales que existen actualmente cuáles son las implicaciones políticas de su actuación a mediano y largo plazo, así como el error de confiar en métodos parlamentarios que ni siquiera como tales tienen efectos positivos para ellas. Otra forma de acción sería fundar organizaciones que tengan un programa político y lo defiendan en todas las luchas, incluso las electorales. Es urgente que exista un movimiento que defienda enérgicamente unos derechos humanos y civiles pisoteados impune y cotidianamente en todos los ámbitos de esta sociedad heterosexista, desde la casa, pasando por los centros de trabajo, las escuelas, los centros de reunión y el ambiente semiclandestino. Para ello, habrá que defender los derechos de opción sexual de los hijos, aunque sigan bajo la patria potestad; su derecho a una información objetiva y sin prejuicios religiosos o pseudocientíficos; los derechos de organización sindical y prestaciones sociales para los que prestan servicios sexuales[5]; dar información veraz y objetiva sobre el asunto a todos los sindicatos y organizaciones sociales; combatir las posiciones sexistas de instituciones como las iglesias, la policía, el ejército, las organizaciones de padres de familia, la Secretaría de Educación Pública (sic), por no mencionar sino lo más obvio y urgente. C. Si LUS aspira a ser verdaderamente socialista y luchar contra toda forma de opresión, debe adoptar una política consecuente y a fondo contra el patriarcado y definir un programa de acción de acuerdo con esta lucha y que le permita incidir en el desarrollo, de ninguna manera garantizado, del movimiento de lesbianas y homosexuales, pues sólo esto garantizará que la revolución socialista, que sólo puede ser plena, ocurra. Por lo tanto, proponemos que la Liga adopte este documento como resolución política, con las modificaciones y añadidos que ella misma considere pertinentes, y que lo lleve a la Coalición Socialista para su discusión y, en su caso, aprobación. [1]Hasta muy recientemente, los transgenéricos eran llamados transexuales. Al introducirse la perspectiva de género en el análisis del cambio de sexo, se llegó a la conclusión de que este cambio no era sólo de sexo, sino de mentalidad, de actitud ante la sociedad y de todo lo que comporta la asunción de los géneros masculino o femenino. [2]La definición de la homosexualidad no implica, desde luego, que el cristianismo haya tolerado esta práctica sexual, sino simplemente que no concebía esta diferencia. [3]Seropositivo es aquel o aquella que porta el virus de inmunodeficiencia humana. SIDA es la enfermedad que desarrollan los seropositivos. Es necesario aclarar que una persona seropositiva no es necesariamente sidosa. [4]Estos espacios por su naturaleza pública no sólo no pueden considerarse parte del ghetto, sino que acotan y son una alternativa a los espacios clandestinos. [5]Así como los partidos socialistas defienden las conquistas obreras bajo el capitalismo, deben dar respuestas a corto plazo a las demandas y necesidades de todos los oprimidos y explotados, como las personas que prestan servicios sexuales. |
El pueblo trabajador y
oprimido no tiene por quien
votar Documento: Resolución de la LUS sobre derechos lésbico-gay ¿Cuál es la posición de los revolucionarios ante el PRD? Debate de José Luis Hernández Ayala con Jaime González Documento: Crisis terminal del PRD, y la necesidad de un partido revolucionario
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