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Crisis
terminal del PRD y necesidad de un partido auténtico de izquierda 
Con Jesús Ortega como presidente del PRD culmina la completa subordinación de
este partido a la política del poder emanada del Zócalo-Los Pinos. Con ello el
gobierno de Felipe Calderón ha logrado que este supuesto “partido opositor” se
integre totalmente en el sistema político imperante en tanto tercer partido
burgués gobernante al unísono con el PRI y el PAN.
El proceso de transformación completa del PRD en un partido conciliador
y negociador con los poderes fácticos, iniciado desde su misma
fundación, ha terminado. El PRD es un aparato político que sostiene,
promueve y está inserto en la estructura gobernante del México de los
grandes banqueros y empresarios, de los líderes charros y de la casta de
políticos profesionales corruptos y represivos. Jesús Ortega y la
corriente de los chuchos que encabeza, son personajes integrados
perfectamente en las redes del poder existente.
La votación de la ley para “reformar” a PEMEX ha sido el más reciente
ejemplo del colaboracionismo perredista con la coalición panista-priista.
La ley aprobada con el voto de los senadores y diputados del PRD
(excepto unos cuantos cuyo número no es mayor que los dedos de la mano)
ha dejado el campo libre a la explotación de los yacimientos del golfo
de México por parte de las transnacionales y los grandes capitalistas,
legitimando y profundizando así la privatización de la industria
petrolera que se viene practicando desde hace dos décadas.
Desde 1988 con motivo del fraude electoral de Salinas de Gortari,
cientos de miles de trabajadores del campo y la ciudad, activistas,
mujeres, estudiantes e intelectuales se identificaron e hicieron suya la
causa del PRD y millones de votos fueron sufragados a favor de sus
candidatos. Desde entonces, año tras año, experiencia tras experiencia,
les han venido demostrando que se trata de un partido que no merece su
apoyo y su confianza. Hoy es evidente que el PRD no es el partido que
ellos creían que era, que se trataba y se trata de un partido
conciliador que negocia con los intereses de los movimientos populares
que ha encabezado. Sus metas y quehaceres están concentrados en
conseguir votos y más votos para gozar de los recursos multimillonarios
que le concede el Instituto Federal Electoral, para tener más diputados,
senadores y conquistar espacios de poder e influencia dentro del sistema
represivo y explotador que padecemos. El PRD no es, nunca fue y no lo
será jamás el partido auténtico de izquierda revolucionaria que se
necesita.
Comprendemos muy bien el sentimiento de ira y desengaño que miles de
partidarios del PRD experimentan y que hoy renuncian a él. Se encuentran
en plena búsqueda de orientación y de nuevas alternativas auténticamente
de izquierda.
La situación de la corriente encabezada por Andrés Manuel López Obrador
le exigirá definiciones. Ir junto al PRD encabezado por una corriente
claramente conciliadora con Calderón y su gobierno, como algunos de sus
partidarios han decidido hacer, sería la debacle de su discurso y sus
acciones de oposición declarada. Decidirse por una nueva organización
pluriclasista, sin abandonar su caudillaje antidemocrático, que ha
mostrado hasta ahora ser inoperante y un freno de la autoorganización de
las masas que luchan abnegada y lealmente contra el gobierno de
Calderón, seria equivalente a fundar otra organización parecida a lo que
ha sido ya el PRD.
Su actual solución intermedia del Frente Amplio Progresista –FAP-- (la
alianza electoral con el Partido del Trabajo y Convergencia) sólo
retrasa su toma de decisión fundamental en la encrucijada actual. Todas
estas maniobras no son en absoluto garantía de una auténtica solución de
la crisis de dirección del pueblo trabajador y explotado.
Para los socialistas, los revolucionarios, en suma, las fuerzas que se
reclaman de la lucha de los trabajadores y de todos los sectores
explotados, es el momento oportuno para sacar lecciones políticas
centrales en estos días en que la bancarrota total del PRD coincide con
la espectacular crisis económica y social que estalló en octubre pasado
en EUA, el epicentro más poderoso del sistema capitalista globalizado.
Las repercusiones de esta crisis financiera son ya devastadoras para
México, uno de los países más vulnerables por su situación geopolítica
de vecino sureño directo de aquel y por la integración económica que
representa el TLCAN, promovida por los sectores gobernantes de la
burguesía y el estado en México. El crecimiento económico ha disminuido
a tasas de apenas de 1 o 2 por ciento, se ha devaluado el peso en un 40
por ciento con respecto al dólar, la fuga de capitales se ha iniciado,
la inflación se ha disparado, el desempleo crece a pasos agigantados,
las remesas de dólares de los emigrantes a sus hogares se han
desplomado, el precio del barril petrolero va en descenso y todo ello en
medio de un panorama de violencia que arroja diariamente varios muertos
y heridos en enfrentamientos entre las bandas con las fuerzas militares
y policíacas.
Es el sistema capitalista el que está en crisis, por ello el programa
que confronte la catástrofe que se desarrolla ante nuestros ojos debe
ser un programa anticapitalista. Un programa que enfoque de frente la
situación económica tan difícil por la que atraviesan las masas
populares. Tal programa de choque para salir de la situación actual
generalizada de pobreza y desempleo deberá contener de entrada demandas
como las siguientes: aumento general de salarios, planes de construcción
de obras públicas contra el desempleo, expropiación de los bancos y
control de sus trabajadores, revertir la privatización de las industrias
energéticas y renacionalizarlas, cese del pago de la deuda pública (más
que pagada con creces), nacionalización de las grandes empresas para
orientarlas a la satisfacción de las necesidades populares y no al lucro
capitalista, una política internacionalista de solidaridad con los
pueblos de América del norte y del sur y con todos los demás que luchan
contra la dictadura del capital, como lo hacen los jóvenes y el pueblo
de Grecia en estos días. En síntesis un programa que arme las luchas de
las masas y encauce su combatividad hacia objetivos vinculados
directamente a sus intereses inmediatos e históricos.
Las semanas y los meses próximos serán decisivos en las luchas que se
gestan en el seno de amplísimos sectores populares: maestros, mineros,
estudiantes, colonos, indígenas. Las organizaciones populares, muy
especialmente los sindicatos de trabajadores, tendrán un papel crucial
actuando como articuladores y guías de las luchas de las más amplias
masas.
Se avecinan tiempos de profunda reflexión acompañada de acciones
audaces. Tiempos adecuados y propicios para que todas los sectores
democráticos y revolucionarios nos unamos y forjemos la alternativa
independiente y anticapitalista que reivindique el proyecto de nación
que va ir exigiendo con cada vez mayor fuerza la situación de urgencia
por la que nos adentramos. Un proyecto para un país soberano e
independiente, en el cual la juventud tenga un porvenir digno y se
respeten los derechos específicos de sus mujeres y en el que se cuide y
preserve el medio ambiente, hoy amenazado por el ecoicidio capitalista.
Un proyecto, en suma, para la fundación de otro sistema cuyo nombre es
el del socialismo democrático.
Una responsabilidad particular corresponde a los grupos de vanguardia
socialista. Su unificación, por su conciencia clasista, por su posición
ideológica y sus conocimientos teóricos así como su experiencia
histórica y su vinculación actual con los sectores de avanzada de los
trabajadores, produciría una masa crítica considerable que contribuiría
enormemente en la resolución de la crisis actual de dirección política
revolucionaria.
La Liga de Unidad Socialista (LUS) se compromete leal y solidariamente a
participar y promover las mejores condiciones para que tal
reagrupamiento democrático, de una auténtica organización de izquierda
sea una realidad en nuestro país en el menor tiempo posible para el
beneficio de las justas causas populares.
Los ritmos de la crisis se aceleran, no hay tiempo que perder.
Adelante, unámonos en el combate para salir de la crisis actual y para
construir el nuevo México y el nuevo mundo del futuro.
Liga
de Unidad Socialista (LUS) |